Como parte de la estrategia rural que se adelanta desde la gobernación de Cundinamarca, el día de hoy viernes 7 de junio y desde  las 8:00 a.m. hasta las 4:00 p.m., la Plaza de Bolívar recibirá a más de 500 productores de diferentes regiones del país, de los cuales más de 200 provienen de las diferentes provincias de Cundinamarca.

Esta actividad se realiza bajo el marco del programa mercados campesinos, un escenario donde los protagonistas serán las frutas, verduras, lácteos, cárnicos y demás productos directamente del campo cundinamarqués a la mesa de los ciudadanos.

Los mercados campesinos son estrategias que posicionan la economía campesina en los sectores urbanos, pues acortan el trayecto recorrido por los alimentos para llegar a la mesa de los consumidores. Allí no hay productos vendidos por intermediarios ni alimentos importados. Es la comida local para la gente local con precios justos para los consumidores y ganancias razonables para los pequeños cultivadores.

En 2004, organizaciones campesinas y comunales aunaron esfuerzos para reactivar los mercados campesinos en Bogotá. Dos años después, el Distrito los acogió en la política pública del Plan Maestro de Abastecimiento de Alimentos y Seguridad Alimentaria (PMASAB), que buscaba enfrentar los desafíos de la urbanización y lograr una Bogotá Sin Hambre. Así, los mercados fueron respaldados por redes de apoyo entre entidades estatales, centros de investigación, consumidores y campesinos, que alivianaron los sobrecostos del traslado de alimentos del campo a la mesa.

Estos mercados han sido benéficos tanto para los habitantes rurales como los urbanos. A los primeros, como en el caso de Teresa y sus compañeras de Ecohortalizas, los mercados les representan una oportunidad para mejorar su calidad de vida: sin intermediarios, los campesinos tienen mayor acceso a la comercialización de sus cosechas en grandes centros urbanos, lo que ha reflejado un aumento en sus ganancias. Según la Encuesta de Hogares Campesinos de 2014, los ingresos de quienes participaron en los mercados aumentaron en un 63%, en comparación con los obtenidos a través del canal de intermediación tradicional. Estos espacios aportan entonces a la reducción de la pobreza de las zonas rurales.

A los segundos, los pobladores urbanos, los mercados campesinos los acerca a una canasta alimentaria nutritiva, fresca y variada, así como a precios relativamente bajos. En 2015, con ayuda del gobierno distrital, los mercados habían logrado expandirse cada 15 días a 14 parques públicos en 9 localidades de Bogotá. Gracias a la red de apoyo con la que contaban, los alimentos allí se encontraban 20% más baratos que en supermercados y/o tiendas. Por ejemplo, en el mercado de Arborizadora Alta (Ciudad Bolívar), la libra de papa pastusa se encontraba a $594 en el sector, mientras que en el mercado campesino se podía comprar a $439. O, en Engativá, la papaya costaba $1200 por libra en el vecindario comparado con el mercado campesino del Parque de Villa Luz, donde se conseguía a $690. Así, los consumidores podían adquirir más alimento por menos dinero, lo que innegablemente representa un impacto positivo en su seguridad alimentaria, sobre todo en los sectores más vulnerables, quienes muchas veces no pueden comprar alimentos de calidad por sus altos costos.

A nivel ambiental, los mercados campesinos aportan en la reducción de gases de efecto invernadero y mitigación del cambio climático. El transporte de alimentos en circuitos cortos contamina entre 8 y 14 veces menos que la importación.

Tomado de Prensa Semana Rural