Alimentar un planeta habitado por 7.700 millones de personas no es tarea fácil. Toda persona necesita, espera y tiene derecho a una dieta saludable. Todo agricultor necesita, espera y tiene derecho a una vida digna. Los aproximadamente diez millones de otras especies en el planeta necesitan un hábitat en el que puedan sobrevivir. Y cada negocio que produce, procesa y transporta alimentos necesita y espera obtener ganancias. Pero varias cosas están fallando. Más de 820 millones de personas sufren hambre crónica. Otros 2.000 millones padecen deficiencias de micronutrientes, como falta de vitaminas o proteínas. Alrededor de 650 millones de adultos son obesos, una epidemia causada, en parte, por alimentos ultraprocesados que están rellenos de azúcar, grasas saturadas y otros aditivos químicos.
Y los problemas van mucho más allá del hambre y la dieta. Las prácticas agroindustriales actuales son la causa principal de la deforestación, el agotamiento y la contaminación del agua y los suelos, y del colapso de la de la biodiversidad. Para colmo, el cambio climático inducido por el hombre está haciendo estragos en la producción de cultivos. Y debido a que hacia el futuro habrá un mayor calentamiento y crecimiento demográfico, la crisis empeorará a menos que se realicen cambios decisivos. La industria alimentaria es una fuerza motriz de la economía global, pero es claro que resolver las muchas crisis alimentarias que se entrecruzan será imposible a menos que la industria alimentaria cambie sus maneras de actuar.

Afortunadamente hay una importante luz de esperanza. Una cantidad creciente de empresas del sector comprenden el desafío y quieren forjar una nueva dirección que sea consistente con la salud humana y la supervivencia planetaria.
Tomado de: Diario El Espectador

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