A pocos Kilómetros del casco urbano de Villeta, por una vía estrecha pero en buen estado, está la inspección de Bagazal, un pequeño pueblo cálido y rodeado de cañaduzales, ya que su actividad principal es la producción de panela. Sin embargo, el lugar se ha constituido en un polo turístico debido a que en su territorio existe un famoso sitio denominado “La Toma”, un hermoso lugar caracterizado por pequeñas cascadas, un conocido balneario a donde cientos de personas acuden cada domingo pero que puede tornarse peligroso, especialmente en época de lluvias por el riesgo de crecientes súbitas que ya han causado varias víctimas.

Muy cerca de allí corre la quebrada “La Mugrosa”, que también en época de lluvias suele tener crecientes súbitos que inclusive sobrepasan la vía. Todos esos cocteles de sitios críticos convierten a Bagazal en un lugar de potencial peligro.

Aunque sus habitantes conocen el tema y en cierta forma conviven con el peligro, la CAR viene trabajando en políticas de mitigación del riesgo en el sector, junto a la alcaldía y demás organismos de socorro. Fue así como se gestó la idea de vincular a los jóvenes del municipio a una capacitación como vigías ambientales. Y es aquí donde entran los protagonistas de nuestra historia: 27 estudiantes, de la Institución Educativa Bagazal respondieron a la convocatoria.

Como todos los chicos de su edad, son alegres, descomplicados, amantes de la tecnología y con una clara visión de la vida, pero a pesar de estar cerca al casco urbano de Villeta y a menos de dos horas de Bogotá, conservan cierta inocencia provinciana y al contrario de muchos chicos de ciudad, rebeldes y contestatarios, los jóvenes de Bagazal son respetuosos amables y cordiales.

Gracias a esta buena disposición, durante dos meses acudieron cada 15 días a las capacitaciones que Yury y Katherine, de la Dirección de Cultura Ambiental y Servicio al Ciudadano de la CAR, les brindaron

sobre temas como: Separación en la fuente, tipos de residuos, cuidado de las fuentes hídricas, pero especialmente sobre gestión y mitigación del riesgo: Aprendieron sobre cambio climático, el comportamiento de las fuentes hídricas de la zona y la forma de actuar frente a una emergencia.

Fruto de lo aprendido, luego de un trabajo de campo y reconocimiento del área y como una verdadera tesis de grado, los chicos presentaron un plan de acción y un plan de mitigación que merecieron los mejores elogios de sus instructores y profesores. Esto les valió que el pasado 23 de septiembre, recibieran su certificación como vigías ambientales, y como tarea final realizaron una jornada de limpieza en la quebrada “La Mugrosa”.

Fue así que armados con bolsas, guantes y tapabocas, junto al personal de la CAR y la brigada forestal de la Corporación, caminaron unos 200 metros, entre risas y bromas llegaron a la quebrada y, sin dudarlo un minuto, se introdujeron en el cauce por donde corría un pequeño hilo de agua, pero que, por el tamaño de algunas rocas, se nota la huella de una reciente creciente, cuyo nivel superaba nuestra altura, y la gran cantidad de troncos y árboles caídos dejaba ver la furia del agua.

Poco a poco, el grupo fue encontrando todo tipo de basura en el cauce: plásticos, pañales desechables, botellas, un viejo asador metálico y metros más adelante los parales de una cama y una tina para bebé. Entre asombrados y molestos por el actuar del hombre fueron acumulando estos desechos en bolsas a la orilla de la Quebrada.

Mientras tanto el ruido de la motosierra operado por los curtidos brigadistas CAR, cortaban los árboles y troncos caídos y, en menos de 15 minutos, el cauce en un trayecto de 200 metros estaba limpio. Al final fueron 30 kilos de desechos que si se hubieran dejado allí habrían contribuido al peligro en una creciente.

Luego de una hora los chicos regresaron a clase con sus sueños: Daniela de ser médico, Yury, diseñadora de modas; Felipe, ingeniero ambiental y María Miranda, por su manera de expresarse ante los medios presentes en la actividad, dejó ver su vocación de periodista.

Precisamente esta agraciada chica lanzó dos frases que son un verdadero tratado ambiental “El mundo es de todos y de cada uno” Y “Si no cuidamos el agua, en pocos años estaremos matándonos por este recurso

Lo dicho por esta joven, habitante de una pequeña población del Gualivá debe mover nuestras conciencias a redoblar esfuerzos por el cuidado de nuestros recursos.

En estos muchachos renace la esperanza de que nuestro planeta aún tiene futuro.

Tomado de: Sala de prensa CAR