Estas alternativas, que surgieron en medio de la Primera Guerra Mundial, le apuestan a un acceso permanente y suficiente a los alimentos, pero además replantean la manera de producir y distribuir la comida de forma más responsable con el medio ambiente. En Bogotá, Cali y Medellín ya existen buenos ejemplos de agricultura urbana. Entre el cemento y el esmog que abundan en las principales ciudades del mundo, se esconden millones de organismos que reverdecen el gris de su paisaje. Aunque suene utópico, en las terrazas de los edificios, los balcones de los apartamentos o los antejardines de las casas se están cultivando huertas urbanas; una práctica que comenzó en Europa durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) para abastecer a la población sitiada por el conflicto.
“En Colombia un poco más de la mitad de la población se encuentra en situación de inseguridad alimentaria; es decir, que no puede acceder ni física ni económicamente a los alimentos suficientes y adecuados para tener un adecuado estado nutricional”, explica Laura Arévalo, consultora de la FAO Colombia en Seguridad Alimentaria y Nutricional. Y es paradójico que más de la mitad de las personas no tengan qué comer en un país que es rico en la producción de alimentos. Una situación que se busca transformar con las huertas urbanas. En Bogotá, por ejemplo, en 2015 el techo del claustro de la Universidad del Rosario, un edificio de patrimonio cultural de la ciudad, se transformó en un ejemplo de huerta orgánica. Nathaly Jiménez, profesora de la Facultad de Ciencias Políticas de la institución, participó de esta iniciativa y cuenta que, junto a su equipo de trabajo, abrió un espacio para talleres de agricultura urbana en la institución.
Contaron con la participación de custodios de semillas, agricultores urbanos y campesinos desplazados que llevaron a la universidad. “Universidades como la Nacional, Uniminuto, La Salle y la Red Nacional de Agricultura Familiar también se unieron. Así se estableció una alianza que se llama Cátedra Unesco para el Desarrollo Sostenible”, añade la experta. después de varios talleres notaron que Bogotá albergaba muchos huerteros inmersos en la transformación orgánica; por eso decidieron, hace un año, juntarlos a todos.

Así nació la Red de Huerteras y Huerteras Bacatá Región. Está dividida en nodos: nodo centro: barrios Armenia, Macarena y Teusaquillo; nodo norte: Humedal Córdoba; nodo occidente: Universidad Minuto de Dios, y nodo sur: Ciudad Bolívar. Cada uno de ellos tiene una meta diferente; por ejemplo, el colectivo del barrio Armenia busca consolidarse como un barrio basura cero; en el Humedal Córdoba la apuesta es la reforestación; mientras que en Ciudad Bolívar, un grupo de adultos mayores fue el artífice de la transformación de un botadero de basura en una huerta urbana.